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El Renacimiento Haitiano a través del prisma de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS): cómo PARASOL adapta los objetivos globales a su doctrina política

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Transformar los compromisos globales en acciones nacionales y resultados tangibles para el pueblo haitiano mediante el Dessalinismo Humanista: una visión de justicia, inclusión, prosperidad, soberanía y desarrollo sostenible, donde nadie se queda atrás.

Por Emma Jasmin

CPGNNews – CaribbeanPulse Global News Network

PUERTO PRÍNCIPE — Raras veces, desde la caída de la dictadura de los Duvalier, Haití ha conocido una acumulación de crisis de tal intensidad. A la violencia de los grupos armados se suman el colapso progresivo de los servicios públicos, el debilitamiento de las instituciones, el deterioro de las infraestructuras, una pobreza que continúa afectando a una parte considerable de la población y una crisis de confianza que afecta hoy en día a casi todas las relaciones entre el Estado y los ciudadanos. Esta realidad ya no se reduce a una sucesión de eventos coyunturales. Para muchos observadores, refleja el agotamiento de un modelo de gobernanza incapaz de responder de manera sostenible a las necesidades de una sociedad en profunda transformación.

En este contexto particularmente frágil, los Objetivos de Desarrollo Sostenible adoptados por las Naciones Unidas en 2015 continúan ofreciendo un marco de referencia ampliamente reconocido para luchar contra la pobreza, fortalecer las instituciones, fomentar un crecimiento inclusivo y reducir las desigualdades. Sin embargo, como recuerdan regularmente varias instituciones internacionales, estos objetivos solo producen resultados cuando son verdaderamente apropiados por los Estados y adaptados a las realidades nacionales. Ninguna hoja de ruta internacional, por ambiciosa que sea, puede reemplazar una visión política impulsada desde el interior, capaz de responder a las especificidades históricas, sociales, económicas y culturales de un país.

Es precisamente sobre esta cuestión de la apropiación nacional que el partido Patriòt Rasanble pou Sove Lakay, más conocido por su acrónimo PARASOL, pretende construir su proyecto político. A través de su programa titulado Renaissance Leave No One Behind, la formación no presenta los Objetivos de Desarrollo Sostenible como una serie de compromisos técnicos que deban reproducirse mecánicamente. Según sus dirigentes, se trata más bien de inscribirlos en una reflexión más amplia sobre la reconstrucción de Haití, articulándolos con una doctrina política nacional, el Dessalinismo Humanista, elaborada por el presidente fundador del movimiento, Yvon Bonhomme.

El enfoque merece ser examinado en la medida en que se distingue de los discursos tradicionalmente escuchados en el panorama político haitiano. Durante varias décadas, los programas de los diferentes partidos suelen hacer hincapié en las urgencias económicas, la seguridad, las infraestructuras o las reformas institucionales. PARASOL propone, por su parte, comenzar por una reflexión doctrinal, estimando que ninguna transformación duradera puede emprenderse sin una visión coherente del Estado, de la ciudadanía y del lugar de Haití en el mundo contemporáneo. Esta voluntad de asociar un pensamiento político nacional con un referencial internacional constituye uno de los aspectos más singulares de su proyecto.

El Dessalinismo Humanista se inspira en el legado de Jean-Jacques Dessalines, considerado el padre fundador de la nación haitiana. Sin embargo, según PARASOL, no se trata de un ejercicio de memoria ni de una celebración simbólica de la independencia. El partido afirma querer reinterpretar los principios que condujeron al nacimiento de la primera República Negra independiente para responder a los desafíos del siglo XXI. La soberanía nacional, la dignidad humana y la justicia social se convierten así en los tres fundamentos de una doctrina que busca conjugar identidad nacional y modernización del Estado.

Esta lectura contemporánea del legado dessaliniano se inscribe en un debate intelectual que trasciende ampliamente las fronteras haitianas. Desde hace varios años, investigadores especializados en estudios poscoloniales subrayan que los modelos de desarrollo importados raramente producen los efectos esperados cuando se aplican sin adaptación a las realidades locales. Las experiencias llevadas a cabo en África, Asia o América Latina muestran que las políticas públicas obtienen mejores resultados cuando se apoyan en referencias culturales, históricas e institucionales reconocidas por las propias poblaciones. Es en esta lógica que PARASOL afirma querer inscribir su programa, haciendo del Dessalinismo Humanista la base de una apropiación haitiana de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

El ejercicio es ambicioso. Consiste en acercar dos universos que parecen, a primera vista, alejados el uno del otro. De un lado, una doctrina política profundamente arraigada en la historia nacional, configurada por las luchas por la libertad, la independencia y la soberanía. Del otro, una agenda universal elaborada en el marco de las Naciones Unidas para responder a los grandes desafíos contemporáneos del desarrollo humano. Según PARASOL, estos dos enfoques no son contradictorios. Pueden, al contrario, complementarse en la medida en que los objetivos internacionales dejen de ser percibidos como prescripciones externas para convertirse en instrumentos al servicio de un proyecto nacional.

Esta articulación aparece claramente en el eslogan que acompaña al programa del partido, Leave No One Behind. La expresión está tomada directamente del vocabulario de las Naciones Unidas, pero recibe aquí una interpretación propiamente haitiana. Para PARASOL, no dejar a nadie atrás significa ante todo reconstruir un Estado capaz de reconocer a cada ciudadano como actor del desarrollo, ya sea que viva en una gran ciudad, en una sección comunal aislada o en el seno de la diáspora. Esta concepción trasciende la mera dimensión social. Traduce una voluntad de restaurar el vínculo entre la nación y todas sus componentes en un país donde amplios sectores de la población han tenido durante mucho tiempo el sentimiento de estar excluidos de las políticas públicas.

Más allá del discurso, este planteamiento suscita una interrogante más amplia que también interesa a los observadores del Caribe. Los pequeños Estados insulares de la región se enfrentan a desafíos a menudo comparables, ya sea la vulnerabilidad económica, los efectos del cambio climático, la dependencia de los mercados exteriores o la necesidad de modernizar sus instituciones sin renunciar a su identidad. En este entorno regional, la experiencia propuesta por PARASOL aparece como un intento de conciliar una agenda mundial con una visión política arraigada en la historia nacional. Ya sea que convenza o que suscite el debate, participa en una reflexión cada vez más presente en el Caribe: la de la capacidad de las sociedades insulares para producir sus propios modelos de desarrollo en lugar de limitarse a importar soluciones concebidas en otros lugares.

Es precisamente a partir de esta articulación entre identidad nacional, gobernanza moderna y desarrollo sostenible que se organiza todo el programa Renaissance. Detrás de las propuestas institucionales, económicas y sociales planteadas por PARASOL se dibuja una ambición más vasta: la de reconstruir el Estado devolviendo un sentido político a la noción misma de desarrollo. Resta ahora examinar cómo esta visión pretende traducirse en políticas públicas concretas y qué respuestas ofrece a los desafíos cotidianos que enfrentan millones de haitianos.

La doctrina desarrollada por PARASOL adquiere verdaderamente su sentido en el momento en que se confronta con las realidades cotidianas de la sociedad haitiana. Detrás de los conceptos de soberanía, dignidad humana y justicia social, el partido afirma querer responder a fracturas antiguas que continúan estructurando el país. Su programa Renaissance no presenta solo una serie de reformas administrativas o económicas. Se basa en una idea central: que ninguna estrategia de desarrollo puede tener éxito si una parte importante de la población permanece excluida de manera duradera de los servicios públicos, de las oportunidades económicas y de la protección social.

Esta convicción coincide con el espíritu mismo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, cuyo principio rector, Leave No One Behind, invita a los Estados a concebir sus políticas públicas velando primero por las poblaciones más vulnerables. PARASOL retoma esta expresión pero le otorga un alcance más amplio. Según el partido, no se trata únicamente de luchar contra la pobreza o las desigualdades. Se trata también de reconstruir el contrato social entre el Estado y los ciudadanos, en un país donde varias generaciones han crecido con el sentimiento de que las instituciones públicas se habían vuelto ausentes o inaccesibles.

Los indicadores disponibles ilustran la magnitud de esta fractura. Más del 36% de los haitianos viven todavía en la pobreza extrema según varias estimaciones internacionales. La esperanza de vida sigue siendo cercana a los 64 años, una de las más bajas de la región, mientras que menos del 35% de los hogares disponen de acceso regular a la electricidad. A estas dificultades se añaden un alto desempleo, particularmente entre los jóvenes, así como una fuerte precariedad en las zonas rurales donde los servicios públicos siguen siendo muy limitados. Para PARASOL, estas cifras no traducen únicamente una crisis económica. Revelan sobre todo la incapacidad del Estado para asegurar una presencia equilibrada en todo el territorio.

Por eso el programa sitúa la descentralización en el centro de su estrategia de refundación. Desde la adopción de la Constitución de 1987, esta ha sido presentada regularmente como un objetivo nacional sin haberse realizado nunca plenamente. Las 570 secciones comunales que constituyen la base de la organización territorial haitiana continúan, en su mayoría, funcionando con una presencia administrativa extremadamente reducida. En muchas localidades, los ciudadanos deben todavía recorrer varias horas para acceder a una oficina de registro civil, a un tribunal de paz, a una comisaría o a un centro de salud. Esta concentración histórica de los servicios públicos en el área metropolitana de Puerto Príncipe ha acentuado progresivamente los desequilibrios regionales y alimentado un profundo sentimiento de abandono.

Según PARASOL, la reconstrucción del país supone, por tanto, una nueva organización territorial capaz de acercar de manera duradera la administración a los ciudadanos. El programa prevé la creación de una auténtica función pública territorial, destinada a profesionalizar las administraciones locales y a asegurar una presencia permanente del Estado en los municipios y las secciones comunales. El partido defiende también un reajuste administrativo que permita tener mejor en cuenta las realidades demográficas y económicas de los territorios, al tiempo que se fortalecen las capacidades de los gobiernos locales para llevar a cabo sus propios proyectos de desarrollo.

Esta reflexión trasciende la mera cuestión administrativa. Se basa en una convicción más profunda según la cual el desarrollo sostenible no puede ser decretado desde la capital. Debe ser construido desde los territorios, otorgando a los gobiernos locales los medios para responder ellos mismos a una parte de las necesidades de sus poblaciones. Varias experiencias llevadas a cabo en otros países muestran, por lo demás, que los Estados que han invertido en una descentralización efectiva suelen disponer de instituciones más resilientes y de una mejor capacidad para absorber las crisis económicas o de seguridad.

La misma lógica inspira las propuestas sociales del programa. Para PARASOL, la lucha contra la pobreza no puede reducirse a políticas de asistencia puntuales. Requiere la construcción progresiva de un auténtico sistema nacional de protección social. El proyecto prevé así el establecimiento de una Cobertura Médica Universal destinada a mejorar el acceso a la atención en todo el territorio. En un país donde los gastos de salud siguen siendo ampliamente soportados por las propias familias, esta medida se presenta como una inversión en el capital humano tanto como una herramienta de reducción de las desigualdades.

El programa prevé también pensiones de dignidad destinadas a las personas mayores, a los agricultores que han consagrado su vida a la producción nacional, así como a otras categorías particularmente vulnerables. A estos dispositivos se añaden la creación de las Casas Nacionales de Retiro, identificadas bajo el acrónimo MRN, el desarrollo de los Bancos de Alimentos para responder mejor a las situaciones de inseguridad alimentaria, así como varias estructuras comunitarias destinadas a fortalecer la solidaridad local.

Esta visión social se extiende también a la educación y a la inserción profesional. PARASOL propone, en particular, la creación de las Escuelas Maternales Comunitarias Integradas, las EMCI, que asociarían educación preescolar, seguimiento sanitario y acompañamiento de las familias dentro de una misma estructura. El programa prevé también la puesta en marcha de los Centros Integrados de Recursos de Empleo, los CREI, destinados a acompañar a los solicitantes de empleo, a fortalecer las formaciones profesionales y a favorecer el encuentro entre las necesidades del mercado laboral y las competencias disponibles.

A estas iniciativas se añade la red de Magasin Goodwill Ayiti, los MAGA, presentada como un mecanismo destinado a mejorar el acceso de las poblaciones más modestas a productos esenciales en un marco organizado y transparente. Según PARASOL, el conjunto de estos dispositivos responde a una misma filosofía: la de un Estado que no limita su acción a las funciones regalías tradicionales sino que asume también un papel activo en la reducción de las desigualdades sociales y territoriales.

Esta concepción de la acción pública coincide con varios Objetivos de Desarrollo Sostenible, en particular los dedicados a la eliminación de la pobreza, la lucha contra el hambre, la salud, la educación y la reducción de las desigualdades. Sin embargo, el partido insiste en que estas políticas no deben ser percibidas como una simple transposición de las recomendaciones internacionales. Se inscriben, según él, en una visión más amplia de la justicia social inspirada en los principios del Dessalinismo Humanista.

Esta voluntad de modernizar el Estado se encuentra también en uno de los ejes más innovadores del programa, la Gobernanza 3.0. Para PARASOL, la transformación digital ya no constituye un lujo reservado a las economías avanzadas sino una necesidad para mejorar la eficacia de las instituciones públicas, fortalecer la transparencia administrativa y acercar los servicios a la población.

El proyecto prevé así la creación del Ministerio de Comunicación, Innovación y Tecnología Digital, el MCITN, que sería responsable de coordinar la transición digital de la administración, desarrollar las infraestructuras tecnológicas y fomentar la interconexión de los servicios públicos. Según el programa, esta evolución podría contribuir a reducir ciertas prácticas de corrupción gracias a una mejor trazabilidad de los procedimientos administrativos y a una gestión más basada en los datos.

Esta reforma sería completada con la creación de la Orden Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnólogos de Haití, la ONRSTHA. El objetivo declarado es movilizar las competencias científicas nacionales así como las de la diáspora para integrar más la investigación, la innovación y la experiencia técnica en las políticas públicas. El partido estima que Haití dispone de un potencial intelectual ampliamente infrautilizado, mientras que miles de profesionales haitianos ocupan hoy en día funciones de primer plano en las universidades, las empresas y las instituciones internacionales.

Por último, el Programa Nacional de Alfabetización, Innovación y Digital, el PNAIN, completaría esta estrategia desarrollando las competencias digitales de la población. Según PARASOL, preparar a las generaciones jóvenes para los oficios del mañana constituye una condición indispensable para permitir al país participar plenamente en las transformaciones económicas que están redefiniendo actualmente el Caribe y el resto del mundo.

A través de este conjunto de reformas, PARASOL intenta finalmente defender una concepción particular del desarrollo. Para el partido, la reconstrucción de Haití no depende únicamente de las inversiones materiales o de la restauración de la seguridad. Supone también un Estado capaz de asegurar una presencia equilibrada en todo el territorio, de proteger a las poblaciones más vulnerables, de movilizar las competencias nacionales y de acompañar a la sociedad en su transición hacia una economía más moderna, más inclusiva y más orientada hacia la innovación. Es esta articulación entre justicia social, gobernanza territorial y transformación digital la que constituye hoy el corazón de su proyecto de refundación nacional.

Si la dimensión social constituye uno de los pilares del proyecto Renaissance, PARASOL estima que no puede producir resultados duraderos sin una profunda transformación de la economía nacional. El partido considera que la debilidad de la producción local, la dependencia de las importaciones, la insuficiencia de las infraestructuras y la escasa capacidad de inversión del Estado explican en gran medida las dificultades que atraviesa hoy Haití. Según esta lectura, el desarrollo social no puede disociarse de una estrategia económica basada en la creación de riqueza, la valorización de los recursos nacionales y la recuperación progresiva de la soberanía económica.

Este enfoque se basa en primer lugar en un relanzamiento de la producción nacional. Desde hace varias décadas, la agricultura haitiana, que antiguamente daba vida a una gran parte de la población, sufre los efectos combinados de la degradación de las tierras, los desastres naturales, la falta de inversiones públicas y la competencia de los productos importados. Esta situación ha acentuado progresivamente la dependencia alimentaria del país al tiempo que ha acelerado el éxodo rural hacia los grandes centros urbanos. Para PARASOL, esta evolución no constituye solo un problema económico. Afecta directamente a la estabilidad social, a la seguridad alimentaria y a la ordenación del territorio.

El programa prevé así un vasto plan de modernización agrícola basado en la mejora de los sistemas de riego, el desarrollo de las infraestructuras rurales, la mecanización progresiva de las explotaciones, el acceso facilitado al crédito agrícola, así como la creación de nuevas cadenas de transformación destinadas a aumentar el valor agregado de las producciones locales. Según el partido, esta estrategia permitiría no solo reducir las importaciones alimentarias sino también crear miles de empleos en los departamentos donde la agricultura sigue siendo la principal actividad económica.

Esta voluntad de estimular la producción se extiende también a la industria, a las pequeñas y medianas empresas, así como a la economía digital. PARASOL propone, en particular, la creación de un Fondo Nacional Startup dotado con una partida que podría alcanzar los 1.000 millones de USD para apoyar a los jóvenes emprendedores, financiar las empresas innovadoras y acompañar el desarrollo de las nuevas tecnologías. El programa considera que el emprendimiento debe convertirse en uno de los principales motores de creación de empleo en un contexto donde el mercado laboral tradicional difícilmente logra absorber cada año a los miles de jóvenes que entran en el mercado de trabajo.

Según las proyecciones presentadas por el partido, el conjunto de las reformas económicas podría contribuir a la creación de más de 6 millones de empleos directos e indirectos hacia el año 2035. Este objetivo particularmente ambicioso se basa en una combinación de inversiones públicas, alianzas privadas, desarrollo industrial, modernización agrícola y grandes proyectos de infraestructuras. Estas estimaciones siguen naturalmente condicionadas a la estabilidad política, a la movilización de las financiaciones necesarias, así como a la capacidad del Estado para llevar a cabo reformas de una magnitud raramente observada en la historia contemporánea del país.

Las infraestructuras ocupan precisamente un lugar central en esta estrategia de transformación. Para PARASOL, el retraso acumulado en los transportes, la energía, las telecomunicaciones y los equipamientos públicos constituye uno de los principales frenos al desarrollo económico. El programa afirma que ninguna política industrial podrá tener éxito de manera duradera mientras las empresas continúen operando en un entorno marcado por altos costos logísticos, redes viales insuficientes y una producción energética todavía muy limitada.

Entre los proyectos más emblemáticos figura el Túnel Renaissance, presentado como una infraestructura estratégica destinada a transformar los intercambios entre varias regiones del país. Según los documentos del partido, esta obra podría alcanzar aproximadamente 54 kilómetros, lo que lo convertiría, si viera la luz, en uno de los túneles más largos del continente americano. PARASOL estima que un proyecto de este tipo permitiría reducir significativamente los tiempos de desplazamiento, abrir varias zonas económicas y fortalecer los intercambios comerciales entre diferentes polos de desarrollo. El programa menciona también repercusiones económicas que podrían alcanzar los 350 millones de USD al año, al tiempo que reconoce que una infraestructura de este tipo requeriría estudios técnicos profundos, alianzas financieras internacionales y una planificación a largo plazo.

El Túnel de la Amistad, con una longitud estimada de 14 kilómetros, se inscribe en esta misma lógica de apertura e integración territorial. Una vez más, el proyecto se presenta como una inversión estratégica destinada a mejorar la movilidad, fomentar los intercambios económicos y fortalecer la cohesión del territorio nacional. Estas propuestas traducen la voluntad de PARASOL de inscribir la política de infraestructuras en una visión global del desarrollo más que en una sucesión de proyectos aislados.

Más allá de los transportes, el partido concede una importancia particular a la energía. Con menos del 35% de los hogares beneficiándose de acceso regular a la electricidad, según varias estimaciones, Haití sigue enfrentándose a una de las tasas de electrificación más bajas de la región. PARASOL considera que esta situación limita a la vez la competitividad de las empresas, el acceso a los servicios públicos y las perspectivas de inversión. El programa prevé así un desarrollo progresivo de las energías renovables, el fortalecimiento de las capacidades de producción nacional, así como la extensión de las redes eléctricas para apoyar el crecimiento económico al tiempo que se mejoran las condiciones de vida de las poblaciones.

La diáspora aparece como otro palanca fundamental de esta estrategia. Las transferencias financieras de los haitianos que viven en el extranjero representan cerca del 30% del producto interior bruto nacional y superan, en algunos años, los 6.000 millones de USD. Estos recursos constituyen ya uno de los principales amortiguadores económicos para cientos de miles de familias. Sin embargo, según PARASOL, su potencial va mucho más allá de las meras transferencias de ingresos. El partido considera que la diáspora representa también un reservorio excepcional de competencias, experiencia, redes internacionales y capacidades de inversión aún insuficientemente movilizadas.

Es en esta perspectiva que se propone la creación de la Conferencia Económica de la Diáspora Haitiana, la CEDHA. Según el programa, esta estructura tendría como misión acercar a los inversores haitianos del extranjero con las oportunidades económicas nacionales, fomentar las alianzas tecnológicas, apoyar la transferencia de competencias y facilitar la participación de la diáspora en las grandes orientaciones del desarrollo económico. Este enfoque coincide directamente con el Objetivo de Desarrollo Sostenible dedicado a las alianzas, al tiempo que responde a una realidad propia de Haití, donde la diáspora constituye desde hace varias décadas un actor económico ineludible.

Esta reflexión conduce también a PARASOL a abordar la cuestión de la gobernanza financiera. El programa prevé varias reformas destinadas a mejorar la transparencia de las finanzas públicas, a fortalecer la lucha contra la corrupción y a restaurar la confianza de los inversores nacionales e internacionales. El partido afirma, en particular, querer saneamiento progresivo de las cuentas públicas y anuncia como objetivo un reembolso acelerado de la deuda interna en un plazo que podría alcanzar los 24 meses, sujeto a las capacidades presupuestarias del Estado y a las condiciones macroeconómicas. Una vez más, se trata de un compromiso político cuya viabilidad dependería en gran medida de los recursos disponibles y de la evolución de la coyuntura económica.

Esta voluntad de transformación económica va acompañada finalmente de una reflexión institucional más amplia. Para PARASOL, las reformas económicas, sociales y territoriales solo podrán producir sus efectos si se inscriben en un marco constitucional adaptado a las realidades del siglo XXI. El partido estima que la Constitución de 1987, aunque haya desempeñado un papel histórico importante en la transición democrática, ya no responde plenamente a las exigencias actuales de estabilidad institucional, gobernanza moderna y desarrollo sostenible.

Propone así la organización de un proceso de reforma constitucional destinado a clarificar el funcionamiento de las instituciones, a fortalecer la capacidad del Estado para conducir las políticas públicas, a consolidar la descentralización y a reconocer más ampliamente el papel de la diáspora en la vida nacional. Esta propuesta se inscribe en un debate antiguo que atraviesa la sociedad haitiana desde hace varios años y que continúa oponiendo a los partidarios de una revisión de la Constitución a aquellos que consideran que las dificultades del país se deben más a su aplicación que a su contenido.

A través de esta combinación de reformas económicas, inversiones estructurantes, modernización de las infraestructuras y evolución institucional, PARASOL dibuja una visión ambiciosa de la reconstrucción nacional. Más allá de las cifras mencionadas y de los proyectos propuestos, esta estrategia traduce una voluntad de reposicionar a Haití como un Estado capaz de producir sus propias riquezas, de movilizar el conjunto de sus recursos humanos y de fortalecer progresivamente su lugar en el seno del Caribe. Resta ahora saber cómo se inscribe esta visión en el debate político haitiano, qué desafíos deberá superar y en qué medida puede contribuir a renovar la reflexión sobre los modelos de desarrollo de la región.

Más allá de las propuestas institucionales, económicas y sociales que desarrolla, el programa Renaissance plantea finalmente una cuestión más fundamental: la de la capacidad de un Estado para apropiarse de una agenda internacional sin renunciar a su propia identidad política. Desde hace varias décadas, las grandes organizaciones internacionales alientan a los Estados a inscribir sus políticas públicas en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Sin embargo, las experiencias llevadas a cabo en diferentes regiones del mundo muestran que estos objetivos producen resultados muy variables según los contextos nacionales. Los países que registran los progresos más significativos son generalmente aquellos que logran adaptar estas orientaciones internacionales a sus propias realidades históricas, culturales e institucionales en lugar de aplicarlas como un modelo uniforme.

Es precisamente en este terreno donde PARASOL busca distinguirse. El partido no cuestiona los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Al contrario, afirma querer integrarlos en una doctrina política que presenta como profundamente arraigada en la historia haitiana. Según este enfoque, el Dessalinismo Humanista no constituye una alternativa a los ODS sino una clave de lectura nacional que permite darles un contenido político adaptado a los desafíos específicos del país. Este intento de acercamiento entre una doctrina proveniente de la historia nacional y una agenda universal representa sin duda una de las características más originales del programa.

Esta reflexión, por lo demás, trasciende ampliamente el marco haitiano. En el conjunto del Caribe, los Estados se enfrentan a una misma interrogante: cómo construir un desarrollo sostenible sin reproducir mecánicamente modelos elaborados en contextos económicos, geográficos o institucionales muy diferentes a los suyos. Las pequeñas economías insulares deben hacer frente simultáneamente a los efectos del cambio climático, a su dependencia comercial, a las restricciones del endeudamiento, a la vulnerabilidad energética, a los movimientos migratorios, a las transformaciones rápidas de la economía digital, así como a una competencia internacional cada vez más fuerte para atraer inversiones. En este contexto, la cuestión ya no es solo disponer de un programa de desarrollo. Consiste también en definir una visión capaz de articular las exigencias de la globalización con las realidades propias de cada sociedad.

Haití ocupa un lugar singular en esta reflexión regional. Primera República Negra independiente, primer Estado surgido de una revolución de esclavos victoriosa, el país conserva un alcance simbólico que trasciende ampliamente sus fronteras. Pero esta singularidad histórica va acompañada hoy de desafíos considerables. La inestabilidad política, la crisis de seguridad, los desastres naturales repetidos, las dificultades económicas y las fragilidades institucionales continúan pesando fuertemente sobre las perspectivas de desarrollo. Para muchos observadores, la reconstrucción de Haití exigirá no solo recursos financieros importantes sino también una visión política capaz de restaurar progresivamente la confianza entre los ciudadanos y sus instituciones.

Es precisamente en esta dimensión donde el programa de PARASOL pretende concentrar sus esfuerzos. Al proponer hacer converger soberanía nacional, justicia social, innovación tecnológica, descentralización, modernización institucional y desarrollo sostenible, el partido busca construir un relato político coherente más que una simple suma de medidas sectoriales. Esta coherencia constituye uno de los elementos que distinguen su proyecto en el panorama político haitiano actual, aunque su implementación dependería naturalmente de numerosas condiciones políticas, económicas, financieras y de seguridad que trascienden ampliamente el marco de un programa electoral.

Como todo proyecto de transformación nacional, esta visión suscita también interrogantes legítimas. Varias propuestas presentadas en el programa requerirían inversiones financieras considerables, una estabilidad institucional duradera, un fortalecimiento significativo de las capacidades administrativas, así como una cooperación estrecha con los socios internacionales. Los grandes proyectos de infraestructuras, la transformación digital del Estado, la generalización de la protección social o la reforma constitucional supondrían reformas de largo aliento cuyos resultados solo podrían medirse a medio y largo plazo. El éxito de una estrategia de este tipo dependería, por tanto, tanto de la calidad de su diseño como de la capacidad de las instituciones para asegurar su continuidad más allá de las alternancias políticas.

Esta observación coincide con una constatación formulada a menudo por los especialistas del desarrollo. Las políticas públicas más ambiciosas solo producen efectos duraderos cuando se apoyan en instituciones sólidas, una administración competente, mecanismos transparentes de gestión pública y una adhesión suficientemente amplia de los actores políticos, económicos y sociales. En el caso de Haití, estas condiciones representan en sí mismas una parte esencial del desafío que hay que afrontar.

Sin embargo, el principal interés del programa Renaissance reside quizás en otra parte. Da testimonio de una evolución perceptible del debate político haitiano. Durante mucho tiempo dominadas por las meras respuestas a las urgencias de seguridad o económicas, las discusiones tienden ahora a integrar cuestiones más amplias relativas a la gobernanza, la transformación digital, la planificación estratégica, la soberanía alimentaria, la movilización de la diáspora y la adaptación de las políticas nacionales a los grandes desafíos mundiales. A este respecto, el proyecto presentado por PARASOL participa en una reflexión que trasciende los clivajes partidistas y cuestiona más ampliamente la manera en que Haití se proyecta en las próximas décadas.

Esta evolución presenta también un interés para el conjunto del Caribe. Los Estados insulares de la región, a pesar de sus diferencias de tamaño o de nivel de desarrollo, comparten varias preocupaciones comunes. Buscan fortalecer su resiliencia frente a las crisis climáticas, diversificar sus economías, acelerar su transición digital, modernizar sus instituciones y valorizar mejor sus diásporas. En esta perspectiva, los debates que atraviesan hoy Haití pueden también alimentar una reflexión regional sobre los modelos de gobernanza y desarrollo adaptados a las realidades caribeñas.

Es quizás aquí donde reside la principal contribución de este enfoque. Al buscar articular una doctrina política nacional con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, PARASOL plantea una pregunta que trasciende su propio programa: ¿pueden las agendas internacionales producir resultados duraderos si no son reinterpretadas a través de la historia, la cultura, las aspiraciones y las prioridades de los pueblos a los que se dirigen? Inversamente, ¿puede una doctrina nacional responder a los desafíos contemporáneos sin dialogar con los grandes referenciales internacionales que estructuran hoy las políticas públicas en una economía globalizada? Estas interrogantes siguen abiertas, pero traducen una evolución del debate político hacia una reflexión más global sobre el lugar de los Estados en un mundo en profunda transformación.

En definitiva, el programa Renaissance no se limita a proponer una serie de reformas. Busca inscribir la reconstrucción de Haití en una visión de largo plazo donde el desarrollo económico, la justicia social, la innovación, la soberanía nacional y la cooperación internacional ya no son concebidos como objetivos competidores sino como los componentes de un mismo proyecto de sociedad. Que esta ambición pueda o no ser plenamente realizada dependerá de las elecciones políticas futuras, de la capacidad de las instituciones para llevar a cabo reformas duraderas y de la adhesión de la población a esta visión.

Una certeza se impone, no obstante. En un Caribe confrontado a mutaciones económicas, climáticas y geopolíticas sin precedentes, la cuestión ya no es únicamente saber cómo alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Consiste ahora en determinar cómo cada nación puede adaptarlos a su historia, a sus recursos y a sus aspiraciones para hacer de ellos un verdadero proyecto colectivo. Es en este terreno donde se jugará, para Haití como para el conjunto de la región, la capacidad de transformar las ambiciones internacionales en resultados duraderos al servicio de las generaciones presentes y futuras.

Emma Jasmin
Senior Correspondent for Caribbean Strategic Affairs
CPGNNews | CaribbeanPulse Global News Network
Political Analysis • Geostrategy • Governance • Sustainable Development • Caribbean Integration.

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