ANÁLISIS INTERNACIONAL │ CPGNNEWS │ Por el equipo editorial │ 27 de septiembre de 2026.
Nacida en el Caribe, Abierta al Mundo!
CUANDO UNA POTENCIA REGRESA A TRAVÉS DE LA CULTURA
Durante mucho tiempo, la imagen de la presencia rusa en África estuvo asociada principalmente a las armas, los contratos mineros, las alianzas políticas, las relaciones militares o, más recientemente, a las reconfiguraciones de seguridad en el Sahel. Esta representación no carece de fundamento, pero resulta insuficiente para comprender una evolución más discreta que se desarrolla en paralelo: Moscú está volviendo a invertir en las lenguas, las universidades, los intercambios científicos, las instituciones culturales y las relaciones humanas. El 9 de septiembre de 2026, la agencia rusa Rossotrudnichestvo anunció la creación de ocho nuevas «Casas Rusas» asociadas en países africanos: Kenia, República Democrática del Congo, Madagascar, Malí, Santo Tomé y Príncipe, Senegal, Sierra Leona y Togo. Estas estructuras se apoyarán en organizaciones locales ya existentes y desarrollarán, entre otras actividades, la enseñanza del ruso, la cooperación universitaria, los intercambios científicos y culturales, así como actividades artísticas.
El anuncio merece algo más que un comentario sobre la apertura de nuevos centros culturales. Revela una evolución más profunda en la manera en que una potencia busca proyectar su presencia a lo largo del tiempo. Un edificio cultural es visible, una exposición puede identificarse, un curso de lengua puede ser fotografiado y una ceremonia de inauguración puede recibir cobertura mediática. Pero el núcleo de una política de influencia no reside necesariamente en estas manifestaciones inmediatamente observables. Puede construirse progresivamente a través de los estudiantes que viajan al extranjero para formarse, los profesores que desarrollan programas conjuntos, los investigadores que establecen colaboraciones, los artistas que circulan, los traductores que crean puentes y los antiguos estudiantes que, años después, continúan manteniendo relaciones profesionales con las instituciones y sociedades que conocieron. El poder cultural es, por tanto, menos espectacular que el poder militar, pero puede ser más lento, más difuso y, en algunos casos, más duradero.
Sin embargo, sería erróneo convertir esta evolución en una demostración automática de una estrategia de dominación. Una estrategia de presencia no es necesariamente una estrategia de dominación. Rusia, además, no es la única potencia que considera la lengua, la educación y la cultura como instrumentos de sus relaciones exteriores. Francia dispone de su red cultural y lingüística; Alemania, del Goethe-Institut; el Reino Unido, del British Council; China, de los Institutos Confucio, mientras que Turquía y otras potencias desarrollan sus propias redes educativas y culturales. La diplomacia cultural constituye, por tanto, un fenómeno internacional más amplio, con modelos institucionales diferentes y distintos grados de proximidad con las políticas exteriores de los países de origen.
La cuestión planteada por las nuevas Casas Rusas es, por tanto, más interesante que su mera existencia. Se refiere a la transformación progresiva de una presencia exterior en una red humana, educativa y cultural, y obliga también a mirar África de otra manera: no como un espacio vacío sobre el cual las potencias proyectarían sus estrategias, sino como un conjunto de sociedades, gobiernos, universidades, medios de comunicación e individuos capaces de aceptar, negociar, modificar o rechazar las propuestas que reciben. Es en esta tensión entre la oferta rusa y las decisiones africanas donde se encuentra la verdadera historia.
LAS «CASAS RUSAS», MUCHO MÁS QUE CENTROS CULTURALES
Una «Casa Rusa» puede parecer, a primera vista, una expresión clásica de la diplomacia cultural. Allí se aprende una lengua, se organizan eventos, se presentan la literatura y la historia rusas, se facilitan intercambios universitarios o científicos y se desarrollan actividades destinadas a acercar a las sociedades. Es precisamente esta aparente normalidad la que merece atención. Las infraestructuras culturales no funcionan únicamente como vitrinas: pueden convertirse en puntos de encuentro entre administraciones, universidades, asociaciones, estudiantes, artistas, investigadores, periodistas y empresarios. Su importancia no se mide únicamente por el número de actividades organizadas, sino también por su capacidad para generar relaciones que sobrevivan a una ceremonia o a una campaña de comunicación. El anuncio de septiembre de 2026 ilustra esta lógica. Los ocho nuevos centros africanos no dependen necesariamente de la construcción de edificios completamente nuevos: Rossotrudnichestvo prevé trabajar con estructuras locales que ya están activas, una fórmula que reduce los costes de implantación y, al mismo tiempo, permite integrarse en redes existentes. El centro pasa así a ser menos una institución aislada que un nodo adicional dentro de un entorno ya constituido. En Togo, por ejemplo, las actividades anunciadas incluyen la enseñanza del ruso, asociaciones universitarias, intercambios científicos y culturales, proyecciones cinematográficas y actividades dirigidas a los jóvenes.
Esta arquitectura presenta una ventaja estratégica para cualquier potencia que la utilice: permite entrar en una sociedad a través de espacios que no son políticos en sentido estricto. Una lengua no es una negociación diplomática, una beca universitaria no es un tratado y una residencia artística no es un acuerdo militar. Sin embargo, cada una de estas iniciativas puede crear una relación. Aquí es donde la distinción entre presencia e influencia se vuelve esencial. La presencia es observable; la influencia es un posible efecto. Entre ambas existe un conjunto complejo de mediaciones humanas que no puede darse por supuesto ni medirse de manera sencilla. La comparación internacional permite comprender mejor este fenómeno: los Institutos Confucio, la Alliance Française, el British Council y el Goethe-Institut muestran que la promoción de una lengua o de una cultura en el extranjero puede constituir una infraestructura duradera de relaciones internacionales. Un estudio dedicado a estas redes señala precisamente que su funcionamiento debe analizarse en función de su relación con el Estado de origen, sus actividades, sus mecanismos de gobernanza y su adaptación a los entornos locales. Las Casas Rusas deben, por tanto, estudiarse dentro de este panorama más amplio. Lo importante no es únicamente lo que declaran ser, sino lo que efectivamente hacen en cada contexto nacional.
POR QUÉ ÁFRICA SE HA CONVERTIDO EN UN ESPACIO ESTRATÉGICO
La evolución rusa no puede comprenderse sin tener en cuenta la transformación más general del entorno internacional africano. Desde hace varios años, los gobiernos africanos disponen de un abanico creciente de socios externos y buscan con frecuencia diversificar sus relaciones. Esta diversificación puede responder a consideraciones económicas, de seguridad, diplomáticas, energéticas o educativas, o simplemente al deseo de no depender excesivamente de un único socio. Rusia participa en esta competencia, pero no es más que uno de sus actores. Los análisis dedicados a su relación con el continente muestran, además, que los vínculos rusos varían considerablemente según las regiones africanas: las relaciones establecidas desde hace décadas en África austral no responden necesariamente a las mismas lógicas que los vínculos más transaccionales observados en algunas partes del Sahel.
Esta diversidad es fundamental. No existe una única «África» frente a Rusia, sino sociedades cuyas historias, sistemas políticos, intereses económicos, experiencias históricas y percepciones internacionales difieren considerablemente. Los datos de Afrobarometer publicados en febrero de 2026 ofrecen una ilustración particularmente útil. En 38 países africanos encuestados en el marco de la Ronda 10, sobre la base de datos recopilados en 2024 y 2025, el 36 % de los encuestados consideraba positiva la influencia económica y política de Rusia, el 23 % la consideraba negativa y el 42 % no expresaba una opinión. Las diferencias regionales son importantes: el 50 % de opiniones positivas en África Central y el 43 % en África Occidental, frente al 27 % en África Austral y el 26 % en África Oriental. Estas cifras, evidentemente, no describen una realidad política uniforme. Por el contrario, muestran que la percepción de Rusia sigue estando fuertemente diferenciada entre países y regiones, y que una parte considerable de los ciudadanos encuestados todavía no tiene una opinión definida.
Este último dato es particularmente importante para comprender la competencia contemporánea entre narrativas. Una potencia externa no actúa únicamente sobre opiniones ya existentes; también puede tratar de construir relaciones en sociedades donde las percepciones siguen abiertas y en evolución. La cultura, la educación y la información se convierten entonces en espacios de contacto entre otros. Esta dinámica debe situarse, además, en el contexto de una competencia internacional mucho más amplia. Las infraestructuras culturales occidentales cuentan con una historia más antigua en numerosos países africanos, mientras que China ha desarrollado una red particularmente extensa de Institutos Confucio. Las redes educativas y culturales turcas, las iniciativas de determinados Estados del Golfo y los distintos dispositivos europeos también participan en esta circulación de lenguas, conocimientos y narrativas. La competencia por los estudiantes, el conocimiento, los imaginarios y las relaciones humanas aparece así como un elemento cada vez más importante de la política internacional en África, y no como una particularidad rusa.
DEL LEGADO SOVIÉTICO A LA RUSIA DEL SIGLO XXI
La Rusia contemporánea no parte de cero. Durante la Guerra Fría, la Unión Soviética construyó una importante red de relaciones con varios países africanos, especialmente a través de los movimientos de liberación, la cooperación universitaria, la formación científica y técnica y los intercambios políticos. Generaciones de africanos estudiaron en universidades soviéticas y, en algunos casos, conservaron vínculos profesionales o personales con el espacio ruso. Esta memoria histórica, sin embargo, no constituye un capital que pueda transmitirse automáticamente. Las generaciones cambian, las sociedades evolucionan y las referencias políticas del mundo contemporáneo ya no son las mismas que durante la Guerra Fría. Precisamente por ello, Moscú busca transformar ese legado en una infraestructura contemporánea. El objetivo no es necesariamente reproducir los mecanismos soviéticos, sino crear nuevas oportunidades de contacto adaptadas a las necesidades actuales. Las universidades, los programas científicos, la formación profesional, las tecnologías y los intercambios culturales ocupan ahora un lugar importante en esta lógica. Un análisis de Carnegie publicado en 2026 señala, además, que las relaciones de Rusia con África combinan el legado histórico con nuevas formas de compromiso, al tiempo que encuentran límites variables según las regiones y los países.
Esta transformación aparece con particular claridad en el ámbito universitario. El 4 de septiembre de 2026, la viceministra rusa de Ciencia y Educación Superior, Olga Petrova, declaró que 37.000 estudiantes procedentes de países africanos estaban entonces matriculados en universidades rusas. Se trata de un dato oficial ruso, recogido por medios africanos, que CPGNNews presenta como tal y no considera una estadística auditada de manera independiente. El dato sigue siendo, no obstante, significativo para comprender la magnitud que Moscú atribuye a su dispositivo educativo orientado hacia África. Pero su importancia no reside únicamente en la cifra. Un estudiante africano que viaja a Rusia para estudiar puede adquirir una formación científica, una lengua, competencias profesionales y una experiencia internacional; posteriormente puede regresar a su país, trabajar en otro Estado africano o desarrollar una carrera internacional. Una formación en el extranjero crea una experiencia y una red, pero no determina mecánicamente las convicciones de una persona. Reducir a miles de estudiantes a futuros «intermediarios» políticos sería, por tanto, tan simplista como afirmar que la educación internacional carece de cualquier dimensión estratégica.
LA LENGUA, LA UNIVERSIDAD Y LA FORMACIÓN: LAS NUEVAS INFRAESTRUCTURAS DEL PODER
La lengua constituye una de las formas más discretas del poder cultural. Abre el acceso a una literatura, una historia, una producción científica, unos medios de comunicación y un entorno profesional. Cuando un Estado invierte de manera sostenida en la enseñanza de su lengua en el extranjero, no crea automáticamente una lealtad política; crea, sin embargo, una capacidad de comunicación y un entorno en el que las relaciones futuras pueden desarrollarse con mayor facilidad. El desarrollo de la Russian African Network University, o RAFU, ilustra esta orientación. El consorcio ruso organizó en 2026 una primera Olimpiada Internacional destinada a futuros estudiantes africanos de maestría. Según los datos publicados por RAFU, 1.447 candidatos procedentes de 39 países africanos participaron en el proyecto piloto. Nigeria representó, con diferencia, el mayor número de candidaturas, con 873 participantes, mientras que Côte d’Ivoire, Benín, Congo y Sierra Leona también figuraron entre los países más representados. Las áreas que despertaron mayor interés fueron la informática, la ingeniería y las tecnologías del futuro, así como la biomedicina y las ciencias cognitivas.
El programa se puso en marcha con veinte plazas de maestría financiadas por el Estado ruso en las universidades miembros del consorcio, en torno a cuatro grandes áreas: economía y gestión; relaciones internacionales y ciencias humanas; informática e ingeniería; y biomedicina y ciencias cognitivas. Estos elementos muestran que la oferta rusa no se limita a la enseñanza de la lengua ni a las disciplinas tradicionalmente asociadas con las humanidades. También busca posicionarse en sectores que contribuirán a estructurar las economías africanas durante las próximas décadas. La demanda africana constituye aquí una variable esencial. Las cifras de RAFU muestran que los candidatos no se sienten atraídos únicamente por una relación cultural con Rusia: también buscan competencias, títulos universitarios y oportunidades profesionales.
Nigeria, Côte d’Ivoire, Benín, Congo o Sierra Leona no pueden reducirse a espacios pasivos dentro de esta dinámica. Los jóvenes que presentan sus candidaturas toman decisiones en función de sus propias trayectorias. Los vínculos universitarios también pueden generar relaciones institucionales más profundas. RAFU desarrolla actividades que vinculan a instituciones rusas con socios africanos y busca estructurar una red universitaria que vaya más allá de la movilidad individual. El interés estratégico de estas redes reside menos en su efecto inmediato que en su capacidad para generar continuidad: un estudiante se convierte en investigador, un investigador en profesor, un profesor participa en una cooperación universitaria y esa cooperación puede, a su vez, generar nuevos estudiantes. El edificio es visible; la red humana lo es mucho menos y, sin embargo, es a menudo ella la que proporciona profundidad temporal a una política de presencia.
LA COMPETENCIA ENTRE NARRATIVAS: CULTURA, MEDIOS, RELIGIÓN E INFLUENCIA
La diplomacia cultural contemporánea ya no se limita a los libros, las películas o los cursos de idiomas. Se desarrolla en un entorno en el que los medios de comunicación, las redes sociales, las universidades, las comunidades religiosas, los creadores de contenido y las instituciones culturales se entrecruzan. Esta superposición es precisamente lo que hace necesaria una mirada analítica. Una infraestructura cultural puede tener múltiples usos sin que cada uno de ellos sea necesariamente político. Una conferencia científica puede seguir siendo científica, un curso de lengua puede seguir siendo un curso de lengua y una actividad religiosa puede seguir siendo una actividad religiosa. Pero una red cultural suficientemente amplia también puede convertirse en una infraestructura relacional a través de la cual circulan personas, ideas y representaciones.
El informe de la Swedish Defence Research Agency, FOI, publicado el 5 de marzo de 2026 con el título Russia’s Information Influence in Africa: Opportunistic, Strategic, and Multifaceted, describe precisamente esta dimensión. El informe analiza un ecosistema informativo prorruso que presenta como estratégico y de largo plazo, pero también oportunista y adaptable. Identifica entre los actores implicados a representantes del Estado, medios controlados o respaldados por el Estado, instituciones culturales, la Iglesia Ortodoxa Rusa, así como actores de los medios de comunicación e influencers locales. Este análisis debe, sin embargo, situarse dentro de su propio marco: FOI es un instituto de investigación vinculado al sistema de defensa sueco y su estudio está elaborado desde una perspectiva de seguridad. Constituye, por tanto, una fuente importante para comprender cómo determinados observadores europeos evalúan el ecosistema de influencia ruso, pero no debe convertirse en una prueba de que cada institución cultural rusa participe en una operación clandestina.
La dimensión religiosa ilustra esta complejidad. Desde la creación, en 2021, del Exarcado Patriarcal de África de la Iglesia Ortodoxa Rusa, las actividades religiosas rusas también han experimentado una expansión en varios países africanos. Esta evolución responde a una lógica institucional diferente de la de las Casas Rusas, pero participa del mismo entorno general de relaciones humanas y culturales. Sería, por tanto, igualmente excesivo presentar toda actividad religiosa rusa como un instrumento político que considerar que carece necesariamente de efectos geopolíticos. Lo importante es distinguir entre las instituciones, sus misiones y sus prácticas concretas.
La cuestión central aparece cuando estas diferentes redes se superponen. Cultura, educación, religión, medios de comunicación y diplomacia pueden permanecer institucionalmente diferenciados y, al mismo tiempo, contribuir a una misma densidad de relaciones. Es precisamente esta densidad, más que la existencia de un centro concreto, la que puede generar una capacidad de influencia. Y por ello la transparencia de la financiación, la libertad académica, la independencia editorial y la capacidad de los socios africanos para establecer sus propias reglas adquieren una importancia fundamental.
LA ZONA GRIS: CUANDO LA DIPLOMACIA CULTURAL SE ENCUENTRA CON LA SEGURIDAD
Las controversias comienzan cuando la diplomacia cultural se encuentra con acusaciones de influencia política o informativa. Varias fuentes occidentales y ucranianas han examinado las actividades rusas en África desde el prisma de la guerra en Ucrania y de la competencia informativa. Algunas acusaciones llegan a presentar determinadas estructuras culturales como posibles instrumentos de reclutamiento o de difusión de narrativas favorables a Moscú. Estas afirmaciones deben atribuirse a sus autores y no pueden convertirse en hechos establecidos sin una corroboración independiente. El informe de FOI adopta un enfoque centrado en el ecosistema informativo ruso en su conjunto, más que exclusivamente en las instituciones culturales. Su argumento central es que la influencia informativa rusa en África combina métodos abiertos y clandestinos y se apoya en múltiples actores. Describe un dispositivo adaptable a los contextos locales y vinculado a la política exterior más amplia del Kremlin. Esta observación justifica una vigilancia analítica, pero no exime de distinguir entre instituciones, individuos, programas y prácticas concretas.
Aquí es donde la transparencia se vuelve más importante que la sospecha generalizada. Una Casa Rusa que organiza cursos de lengua, conferencias universitarias y exposiciones no es, por ese solo hecho, una estructura clandestina. Una institución universitaria que recibe a estudiantes rusos o africanos tampoco es, por ese solo hecho, un instrumento político. En cambio, cuando un programa cultural aparece asociado a campañas informativas coordinadas, financiación opaca, presiones sobre medios de comunicación o actividades ajenas a su misión declarada, estos elementos pueden justificar una investigación específica. El análisis serio comienza precisamente allí donde termina la generalización. Esta distinción es aún más necesaria porque Rusia no es la única potencia que utiliza la cultura y la educación como instrumentos de política exterior. Las redes culturales occidentales, los Institutos Confucio chinos y los dispositivos educativos turcos, entre otros, también se apoyan en relaciones institucionales susceptibles de producir efectos diplomáticos. La cuestión pertinente no es, por tanto, saber si una potencia utiliza la cultura en el extranjero, sino cómo la utiliza, con qué transparencia, dentro de qué límites y con qué grado de autonomía cuentan los socios locales.
La zona gris no constituye, por tanto, una conclusión en sí misma, sino un espacio de investigación en el que cada elemento debe situarse en su nivel adecuado de evidencia: lo que puede establecerse debe ser presentado como tal; lo que corresponde a una declaración debe atribuirse; lo que constituye una acusación debe presentarse como acusación; y lo que permanece en el terreno de lo hipotético debe seguir identificado como hipótesis. Solo bajo esta condición el análisis puede evitar tanto la complacencia como el alarmismo.
OCHO NUEVAS CASAS: ¿MOSCÚ ESTÁ AMPLIANDO LA ESCALA DE SU PRESENCIA EN ÁFRICA?
El anuncio del 9 de septiembre de 2026 constituye, no obstante, un acontecimiento suficientemente concreto como para ser tomado en serio. Está previsto desarrollar ocho nuevos centros asociados en Kenia, la República Democrática del Congo, Madagascar, Malí, Santo Tomé y Príncipe, Senegal, Sierra Leona y Togo. Rossotrudnichestvo presenta estas estructuras como instrumentos de cooperación cultural, educativa y científica, con una implantación basada en socios locales. La elección geográfica resulta interesante porque los países concernidos no forman ni un bloque político ni una región homogénea. Pertenecen a entornos geográficos, lingüísticos y políticos diferentes. Malí constituye un caso particular por la intensidad de su relación contemporánea con Moscú, mientras que Kenia o Senegal poseen tradiciones diplomáticas y entornos internacionales diferentes. La presencia simultánea en países tan diversos sugiere que la política cultural rusa busca superar el ámbito estrictamente saheliano.
La fórmula de asociación local también merece atención. En lugar de imponer en todas partes una infraestructura completamente construida y directamente controlada desde Moscú, el dispositivo anunciado se apoya en organizaciones que ya están presentes en las sociedades concernidas. Esto puede facilitar la adaptación local, reducir los costes y acelerar la implantación, pero también significa que el efecto real de las Casas dependerá en gran medida de los socios africanos, de su gobernanza, de su autonomía y de la manera en que definan sus propios programas. El anuncio de septiembre tampoco debe interpretarse de manera aislada. Se inscribe en una expansión internacional más amplia, ya que se anunciaron once nuevos centros asociados en el extranjero, ocho de ellos en África. La concentración africana de esta nueva fase es, por tanto, real, sin que ello signifique que África se haya convertido en la única prioridad de la política cultural rusa o que estos ocho centros vayan a producir automáticamente una influencia política mensurable.
La cuestión pertinente es más bien la transición de la implantación a la permanencia. Una ceremonia de apertura produce una visibilidad inmediata. Una institución que funciona durante diez o quince años produce algo diferente: hábitos, asociaciones, antiguos estudiantes, profesores, colaboraciones científicas y una memoria colectiva. Es esta segunda dimensión la que permitirá medir realmente si Moscú está ampliando la escala de su presencia.
ÁFRICA NO ES UN TABLERO DE AJEDREZ PASIVO
Cualquier análisis de la presencia rusa en África resulta incompleto cuando no toma en consideración las decisiones de los actores africanos. Los gobiernos africanos no reciben mecánicamente las propuestas extranjeras. Las seleccionan, las negocian, en ocasiones las combinan con las de otros socios y también pueden abandonarlas cuando cambian sus intereses. Las universidades hacen lo mismo, al igual que los estudiantes. Esta autonomía relativa es esencial para comprender por qué una misma oferta exterior puede producir resultados muy diferentes según el país. Los datos de Afrobarometer son particularmente reveladores a este respecto. En 38 países, el 42 % de los encuestados no expresó una opinión sobre la influencia rusa, mientras que las percepciones positivas y negativas variaban considerablemente de un país a otro. Esta diversidad obliga a replantear la manera de hablar de influencia: una potencia puede abrir un centro cultural sin obtener la adhesión política que esperaba, financiar estudios sin que los beneficiarios adopten sus posiciones diplomáticas o crear una red universitaria que, con el tiempo, se convierta en un espacio de cooperación relativamente independiente de los objetivos políticos iniciales.
También deben tenerse en cuenta los propios intereses africanos. Un estudiante puede buscar una formación en ingeniería, una universidad puede buscar un laboratorio asociado, un ministerio puede querer aumentar el número de becas disponibles, una institución cultural puede buscar financiación o intercambios internacionales y un gobierno puede querer diversificar sus socios. Todas estas motivaciones pueden coexistir sin constituir una adhesión ideológica a Moscú. Si las sociedades africanas no forman un bloque frente a Rusia, la construcción de una presencia rusa duradera tampoco puede comprenderse únicamente a través de las decisiones de los gobiernos. También se desarrolla en las universidades, las redes de antiguos estudiantes, las instituciones culturales, los medios de comunicación, las comunidades religiosas y, más ampliamente, en las relaciones humanas que sobreviven a los cambios de gobierno y a las crisis diplomáticas.
Esta realidad conduce directamente a la cuestión del largo plazo. Una política exterior puede ser decidida por un gobierno y desaparecer con él; una red humana, en cambio, puede continuar funcionando después de la desaparición de sus impulsores. La profundidad real de la estrategia rusa dependerá, por tanto, menos de la multiplicación de las inauguraciones que de la capacidad de las relaciones creadas hoy para generar colaboraciones mañana.
UNA RELACIÓN CONSTRUIDA PARA UNA GENERACIÓN
El poder cultural funciona en una temporalidad diferente de la de las crisis diplomáticas. Una alianza política puede cambiar en pocos años, un contrato económico puede renegociarse, pero una relación universitaria puede prolongarse durante varias décadas a través de las personas. Un estudiante formado en una universidad extranjera puede convertirse en médico, ingeniero, profesor, empresario, diplomático o responsable institucional. No es necesario que se convierta en partidario de su país de acogida para que su experiencia produzca efectos duraderos. Puede simplemente conservar una lengua, contactos, hábitos profesionales y un conocimiento profundo de otra sociedad. Es aquí donde la cifra de estudiantes africanos anunciada por las autoridades rusas adquiere todo su significado. No permite medir la influencia política de Moscú y, sobre todo, no debe interpretarse como tal. Sin embargo, muestra la existencia de una masa importante de relaciones educativas. El posible efecto estratégico no reside, por tanto, en una supuesta conversión política de estos estudiantes, sino en la construcción progresiva de un espacio humano en el que Rusia se convierte en un destino universitario, científico y profesional entre varios.
RAFU representa una nueva etapa de esta lógica porque busca organizar la relación sobre una base institucional más estructurada. Las 1.447 candidaturas procedentes de 39 países africanos en la primera edición de su Olimpiada Internacional muestran una demanda real de determinadas formaciones ofrecidas por las universidades rusas. Nigeria, con 873 candidaturas, muestra también que esta demanda no se limita a los países históricamente más próximos a Moscú. Puede estar motivada por las propias perspectivas académicas. Sin embargo, la red humana posee una propiedad fundamental: escapa parcialmente al control de quien la creó. Los antiguos estudiantes pueden convertirse en interlocutores de gobiernos africanos, empresas privadas, universidades, organizaciones internacionales u otras potencias. Pueden mantener una relación estrecha con Rusia o distanciarse de ella, conservar un vínculo personal sin adoptar una posición política o desarrollar nuevas formas de cooperación que Moscú no hubiera previsto inicialmente. Una red humana es, por tanto, una infraestructura de relaciones, no un registro de lealtades.
Esta realidad permite comprender por qué la inversión educativa puede considerarse una estrategia de largo plazo sin que dicha estrategia produzca mecánicamente los resultados políticos buscados. Moscú puede construir canales de comunicación, pero las sociedades africanas decidirán en gran medida cómo utilizar esos canales. Es ahí donde la presencia se convierte en una influencia posible, y donde esa influencia posible encuentra los límites de cualquier política de poder.
¿BUSCA MOSCÚ UNA INFLUENCIA DURADERA?
Llegados a este punto, reducir la estrategia rusa a la multiplicación de las Casas Rusas sería pasar por alto lo esencial. Estos centros no constituyen toda la estrategia de Moscú en África, ni son objetos aislados. Son puntos visibles de una red mucho más amplia en la que la lengua, la educación, la cultura, la información y las relaciones humanas pueden reforzarse mutuamente. Los análisis dedicados a la política rusa en el continente describen, además, una combinación de instrumentos diplomáticos, económicos, culturales, informativos y de seguridad, con intensidades variables según las regiones.
La próxima década permitirá medir la profundidad real de esta estrategia. Pueden observarse varios escenarios: las Casas Rusas pueden seguir siendo principalmente centros lingüísticos y culturales de alcance limitado, convertirse en plataformas universitarias más importantes gracias al aumento de la movilidad estudiantil o integrarse en redes más amplias que vinculen medios de comunicación, universidades, instituciones religiosas y actores económicos. A la inversa, su desarrollo puede verse limitado si la financiación resulta insuficiente, si los socios locales carecen de capacidad o si los públicos africanos optan por otras redes internacionales. Estos escenarios no constituyen predicciones; son las principales variables que deberán observarse. Una cuestión particular será la competencia entre redes. África se encuentra ahora en el centro de un entorno internacional en el que varias potencias ofrecen simultáneamente becas, formación, infraestructuras, programas lingüísticos, medios de comunicación, intercambios culturales y asociaciones científicas. Rusia no actúa, por tanto, en un espacio vacío. Compite con ofertas chinas, europeas, estadounidenses, turcas, indias, árabes y también africanas.
La verdadera medida de esta presencia no será, por tanto, simplemente el número de centros abiertos, sino su capacidad para generar una relación suficientemente útil como para que los socios africanos quieran mantenerla. La cuestión pasa entonces al terreno institucional: ¿disponen las sociedades africanas de sus propias capacidades de investigación, producción mediática, formación científica y comparación de narrativas? ¿Pueden acoger múltiples ofertas extranjeras sin volverse dependientes de una sola? ¿Pueden transformar las inversiones externas en capacidades locales duraderas? Es en este nivel donde se sitúa la cuestión de la soberanía intelectual.
LA PERSPECTIVA DE CPGNNEWS
LA CUESTIÓN CENTRAL NO ESTÁ EN LAS «CASAS RUSAS»
La cuestión central no está en los edificios, sino en lo que se construye alrededor de ellos. Una Casa Rusa puede ser modesta, recibir a unas decenas de estudiantes y organizar algunos eventos culturales al mes. Sin embargo, si se integra en una red universitaria, lingüística, mediática y humana más amplia, su importancia puede superar considerablemente su dimensión física. A la inversa, un centro prestigioso puede permanecer sin una influencia significativa si no responde a las expectativas de la sociedad en la que está implantado. Por ello, CPGNNews considera que los beneficios educativos y culturales de la presencia rusa deben reconocerse sin que ese reconocimiento impida examinar sus posibles efectos de influencia. Ambas realidades pueden coexistir. Una beca universitaria puede ofrecer a un joven africano una competencia que su país necesita y, al mismo tiempo, formar parte de una política de acercamiento internacional; un programa lingüístico puede proporcionar un acceso real a una cultura y contribuir simultáneamente a reforzar la visibilidad del Estado que lo financia; una cooperación científica puede producir resultados útiles y, al mismo tiempo, crear vínculos institucionales duraderos. Estas dimensiones no se excluyen: se superponen, y es precisamente esa superposición la que hace necesario el análisis.
El fenómeno, además, no es exclusivamente ruso. Los Institutos Confucio chinos, las redes francesas, británicas y alemanas, así como otros dispositivos culturales y educativos internacionales, muestran que las grandes potencias comprenden la importancia de las relaciones humanas en la competencia contemporánea. La diferencia no reside, por tanto, en la existencia misma de una diplomacia cultural, sino en las prácticas, los objetivos, la transparencia y el grado de autonomía de los socios. Las sociedades africanas tienen interés en poder comparar estas ofertas en lugar de quedar encerradas en una única lectura ideológica de cualquiera de ellas. La soberanía intelectual no consiste en cerrar la puerta a las influencias exteriores. Supone que las sociedades dispongan de las instituciones, las competencias y los medios necesarios para recibir múltiples narrativas, confrontarlas, verificarlas y producir sus propios análisis. No es, por tanto, un estado dado, sino una capacidad institucional que se construye mediante universidades adecuadamente financiadas, medios de comunicación independientes, centros de investigación capaces de producir sus propios datos y una sociedad civil suficientemente organizada para participar en el debate público.
Es probablemente ahí donde se encuentra la cuestión africana fundamental. Si Moscú invierte en las lenguas, las universidades y las redes humanas, la respuesta africana no debería consistir necesariamente en cerrar esas puertas. Debería poder consistir en fortalecer suficientemente sus propias instituciones para que la apertura internacional aumente la capacidad de elección en lugar de reducirla. Una sociedad que dispone de múltiples socios, diversas fuentes de información y capacidades propias de análisis está mejor situada para transformar la competencia externa en un recurso interno. La cuestión, por tanto, no es únicamente qué quiere construir Moscú en África. También consiste en saber qué harán los africanos con lo que Moscú propone. La relación nunca estará completamente determinada por quien presenta la oferta; también dependerá de quien la recibe, la negocia, la transforma y, en ocasiones, la rechaza.
ÁFRICA ENTRA EN LA ERA DE LA COMPETENCIA ENTRE NARRATIVAS
La multiplicación anunciada de las Casas Rusas en África marca una evolución que va mucho más allá del ámbito cultural. Refleja la voluntad de Moscú de consolidar su presencia mediante instrumentos cuyos efectos se construyen más lentamente que los de un acuerdo militar o un contrato económico: la lengua, la educación, las universidades, la ciencia, los intercambios culturales y las relaciones humanas. Esta estrategia se desarrolla en una África en la que se multiplican las potencias externas y en la que las sociedades africanas disponen de un espacio de negociación más amplio que en el pasado. Rusia propone sus propias redes, pero no está sola. China, Europa, Estados Unidos, Turquía, los países del Golfo, India y las organizaciones africanas también desarrollan instrumentos de influencia, cooperación o diplomacia cultural. La competencia ya no se refiere únicamente a los recursos o a las alianzas diplomáticas. También se refiere a los estudiantes, los investigadores, las lenguas, los medios de comunicación, los imaginarios y las redes humanas.
Los próximos años permitirán determinar si las nuevas Casas Rusas se convierten en simples espacios culturales, en verdaderas plataformas universitarias o en componentes de una red internacional más amplia. Su futuro dependerá tanto de Moscú como de los socios africanos que las acojan. Los estudiantes decidirán sus propias trayectorias, las universidades definirán sus cooperaciones, los medios de comunicación establecerán sus propios estándares, los gobiernos negociarán sus intereses y las sociedades civiles observarán, aceptarán, cuestionarán o reorientarán estas iniciativas. La cuestión esencial no es, por tanto, saber quién, entre Moscú, Pekín, Washington o Bruselas, se impondrá. Consiste en saber si las sociedades africanas serán capaces de transformar esta competencia externa en capacidad interna. Si cuentan con universidades sólidas, medios independientes, centros de investigación capaces de producir sus propios datos y ciudadanos capaces de comparar múltiples narrativas, la apertura internacional puede convertirse en una fuente de capacidad en lugar de un factor de dependencia.
Quizá aquí se encuentre la paradoja de la nueva diplomacia rusa en África. Moscú busca construir relaciones para una generación. Pero las generaciones africanas que entren en estas redes no son objetos de una estrategia. Son actores de su propio futuro. La pregunta que permanece es, entonces, la que atraviesa todo este dossier: ¿quién contará la historia del África del mañana: las potencias que buscan ampliar allí su influencia o los propios africanos?
PUNTOS CLAVE
Rusia está desarrollando en África una presencia que ya no se basa únicamente en las dimensiones diplomática, económica y de seguridad, sino también en la lengua, la educación, la cultura, la investigación y las redes humanas. El 9 de septiembre de 2026, Rossotrudnichestvo anunció ocho nuevas Casas Rusas asociadas en Kenia, la República Democrática del Congo, Madagascar, Malí, Santo Tomé y Príncipe, Senegal, Sierra Leona y Togo. Según la viceministra rusa Olga Petrova, 37.000 estudiantes procedentes de países africanos estudiaban en universidades rusas en septiembre de 2026; CPGNNews considera esta cifra un dato oficial ruso y no una estadística auditada de manera independiente. Por su parte, RAFU registró 1.447 candidaturas procedentes de 39 países africanos durante su primer proyecto de Olimpiada Internacional, con una fuerte demanda en informática, ingeniería, tecnologías del futuro, biomedicina y ciencias cognitivas.
Los datos de Afrobarometer muestran que las percepciones africanas sobre Rusia siguen estando profundamente diferenciadas: en los 38 países encuestados, el 36 % de los participantes evaluó positivamente su influencia económica y política, el 23 % negativamente y el 42 % no expresó una opinión. El informe de FOI, la Agencia Sueca de Investigación de Defensa, describe por su parte el ecosistema de influencia informativa rusa en África como estratégico, de largo plazo, adaptable y multifacético. Sin embargo, debe leerse como un análisis procedente de un instituto de investigación vinculado al sistema sueco de defensa, y no como una prueba de que todas las instituciones culturales rusas persigan objetivos clandestinos. La cuestión central no es, por tanto, únicamente la expansión rusa. También concierne a la capacidad de las sociedades africanas para desarrollar sus propias instituciones, sus propias redes de conocimiento y su propia capacidad de análisis frente a una competencia internacional cada vez mayor.
NOTA METODOLÓGICA DE CPGNNEWS
Este artículo distingue explícitamente cuatro niveles de discurso. Un hecho se presenta como un hecho. Cuando un dato procede de una institución oficial, se especifica su procedencia. Una declaración se atribuye a su autor. Los datos rusos relativos a los estudiantes africanos, por ejemplo, se presentan como cifras comunicadas por las autoridades rusas. Una acusación se atribuye a quien la formula. Las alegaciones relativas a posibles operaciones de influencia o reclutamiento no se convierten en hechos cuando no cuentan con una corroboración independiente suficiente. Un análisis sigue identificado como análisis. Las interpretaciones propuestas en «La perspectiva de CPGNNews» constituyen la lectura estratégica de nuestra redacción y no se presentan como hechos establecidos.
CPGNNews considera también que el análisis del poder internacional no puede ser completo sin tener en cuenta la capacidad de acción de las sociedades concernidas. África no es ni un receptor pasivo de las estrategias externas ni un espacio homogéneo. Los gobiernos, las universidades, los medios de comunicación, los estudiantes, los investigadores, las organizaciones culturales, las comunidades religiosas y los ciudadanos tienen sus propios intereses y capacidades de decisión. Nuestro enfoque se basa, finalmente, en un principio sencillo: comprender antes de juzgar, documentar antes de afirmar, atribuir antes de interpretar.
En un entorno internacional en el que la competencia entre narrativas se convierte cada vez más en una cuestión de poder, la responsabilidad primordial de un medio de interés público consiste en proporcionar al lector suficientes hechos, contexto y diversidad analítica para permitirle comprender el mundo sin imponerle una conclusión.
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FUENTES Y DOCUMENTACIÓN
Las informaciones, datos estadísticos, declaraciones y elementos fácticos utilizados en este análisis se han establecido a partir de fuentes institucionales, estadísticas, universitarias y documentales, complementadas cuando ha sido necesario con fuentes mediáticas reconocidas. Estas referencias han servido para establecer los hechos, contrastar la información y contextualizar el análisis.
FUENTES INSTITUCIONALES Y OFICIALES
1. Unión Africana: documentos y declaraciones relativos a las relaciones entre la Unión Africana y la Federación de Rusia, incluidas las consultas y los mecanismos de cooperación entre Rusia y África.
2. Rossotrudnichestvo: información oficial relativa al desarrollo de la red de Casas Rusas en África y a las actividades de cooperación cultural, educativa e institucional.
3. Ministerio de Asuntos Exteriores de la Federación de Rusia: declaraciones, documentos diplomáticos y comunicaciones oficiales relativas a las relaciones entre Rusia y África.
4. Russian African Network University (RAFU): información relativa a los programas universitarios, las iniciativas educativas y la Olimpiada Internacional de 2026.
FUENTES ESTADÍSTICAS E INSTITUCIONES DE INVESTIGACIÓN
1. Afrobarometer: Popular perceptions of Russia lag, even as its influence grows across Africa, 27 de febrero de 2026. Datos procedentes de una encuesta realizada en 38 países africanos sobre las percepciones de Rusia y de su influencia.
2. Swedish Defence Research Agency (FOI): Anna Ida Rock, Russia’s Information Influence in Africa: Opportunistic, Strategic, and Multifaceted, FOI-R–5873–SE, 5 de marzo de 2026.
FUENTES ACADÉMICAS Y ANALÍTICAS
1. Carnegie Endowment for International Peace: trabajos dedicados al papel de Rusia en África, a la evolución de sus instrumentos de influencia y a los límites de su presencia en el continente.
2. Real Instituto Elcano: análisis dedicados a la evolución de la presencia rusa en materia de seguridad y estrategia en el Sahel y a sus implicaciones regionales e internacionales.
3. Investigaciones académicas sobre las narrativas estratégicas rusas: especialmente trabajos centrados en la adaptación de las narrativas de Moscú a los distintos públicos del Sur Global, particularmente en África y América Latina.
PRINCIPIO DE VERIFICACIÓN
CPGNNews prioriza, cuando están disponibles, las fuentes primarias e institucionales para el establecimiento de los datos fácticos. Las informaciones procedentes de fuentes secundarias se utilizan para el contraste, la contextualización o cuando las fuentes primarias no son directamente accesibles.
Las cifras, declaraciones y elementos atribuidos a una institución, un gobierno, un organismo de investigación o una publicación externa se presentan dentro de su contexto y no constituyen, por sí mismos, una validación por parte de CPGNNews de las interpretaciones o posiciones de sus autores.
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